#EL ARTISTA



Una reflexión sobre el arte y la creación repleta de preguntas disparadoras que invitan a pensar

Recuerdo esta foto: sentada, tengo cinco años, sostengo una pequeña flor en la mano y miro hacia la cámara. Quiero ser artista, eso estoy sintiendo en la foto, lo sé porque los recuerdos son la verdadera piel de las cosas. A mis cinco años tuve ese sueño y luego lo olvidé. Pero el olvido no es destierro, nada hay que pueda borrar las huellas de la tierra que uno ha pisado alguna vez. ¿Y cómo es posible rescatar del corazón esos sueños? Porque basta que una palabra salte como la chispa de un gran fuego, para darnos cuenta del tiempo que uno lleva dormido sobre sus propias cenizas. Y desde ese fondo que soy yo misma me hundí para darme la mano y saltar hacia la superficie. ¿Cómo nace un artista? Es una pregunta que nunca me hice, pero en estos tiempos de grandes aislamientos, en esta lisa superficie en la que se ha convertido el mundo, las hendiduras hay que provocarlas con preguntas siempre viejas. ¿Cómo se acude al nacimiento de uno mismo? Y aquí nos digo artistas a todos porque no hay nada más sublime que la creación. ¿Qué hay en el fondo de las cosas? ¿Para qué raspamos la vida, hasta lo más profundo, por encima de nuestros desencantos? ¿Por qué insistimos en lo bello cuando el mundo no siempre lo es? Porque crear es el acto de mayor riesgo. Porque aquí es donde el mundo es verdaderamente hermoso y real. El arte no es un espejismo donde calmamos una sed en medio del desierto. El arte es el desierto y la sed. Cuando me siento enamorada de un cuadro esa imagen es el desierto y mi emoción la sed, pero también soy el desierto que tiene sed de eso que es agua para vivir. En esa mezcla de amor es que el arte nos hace crear algo nuevo: buscamos la hendidura del mundo que no siempre es bello pero en ese instante de creación, a través de la mirada, y de la mirada hacia el corazón, y de allí hacia el suelo de la vida, aparece lo nuevo. El acto de crear es reverdecer el suelo de las cosas diarias pero con esas preguntas viejas sobre un mundo del que hemos hecho un espejismo. Hay un alma del mundo. ¿Dónde hallarla? En todo ese material que descartamos en las horas de nuestras vidas: los sueños durante las noches que son enigmas en la mañana, los silencios reales que nos hacen enmudecer ante preguntas difíciles, abrir los ojos durante la noche cuando el sueño no llega y ver el destello de luces y sus formas, una lectura desinteresada que deja flotando un deseo, un recuerdo inesperado. De este material informe la vida reposa. Luego vendrán los colores, las palabras, el movimiento, el teatro, el cine, la escritura. ¿Cómo nace un artista? ¿Cómo descubrir el terreno del arte? Para descubrir hay que despejar: quitar del medio lo no humano para que lo humano aparezca. La vida nos ha sido mostrada desde una canción: nacemos entre voces que nos dicen ¡bienvenidos al mundo! Cuando asistimos a un mundo un tanto deshecho me pregunto en qué momento hemos dejado de crear. Somos descreídos, no creemos más que en los espejismos, la tecnología nos ha dado un cachetazo en nuestros lazos humanos, pero nos cuesta ver. Nos resulta más cercano el sonido de un mensaje que el calor que surge de dos cuerpos en abrazo. Hemos borrado las huellas de un terreno viejo que reconocemos en sueños. ¿Por qué a pesar de las ruinas buscamos hasta el fondo de las cosas para sentir belleza? Eso es creación: buscar en el fondo de la vida para hallar la paz, el amor, los deseos. ¿Es el arte un espejismo? A estas alturas del mundo digo que no. Si hay algo que no nos detiene es el sueño de vivir la justicia, la política, el arte, la familia, el amor, los recuerdos. Esa preservación de las viejas preguntas sigue intacta. A mis cinco años soplé una flor, le doy aliento mirando hacia la cámara porque quiero ser artista. Veo un otro lado sin saber que hay un otro lado. Algo sobrevive en esa imagen: yo sólo soñaba mientras crecía. Crecía y soñaba pero crecía, sobre todo, porque tenía sueños que nacían de un latido pequeño y acelerado. Y creo que soplé hasta esta página. ¿Cómo nace un artista? ¿Cuál es el terreno del arte? A veces encuentro estas preguntas en la pintura, en mi caso los materiales me dan abrigo, siento el calor en el alma, en el rostro, todo se vuelve generoso. El arte nunca puede ser un espejismo, un entretenimiento, un espacio que sobra. A la tecnología la manejo, el arte, por mucha tecnología que use, está trazado sobre la emoción: el cuerpo vibra. ¿Acaso nos hemos olvidado de esto? El cuerpo es caliente, la tecnología es fría, el cuerpo es desmesura, la tecnología es limitada. Los sueños son creaciones vivaces, sentidas, y hasta a veces despertamos riendo o llorando.

¿Cuál es el verdadero terreno del mundo? A mis cinco años soñaba soplando una flor. A mis cuarenta y seis años me voy a buscar entre sueños para seguir creando. 

Autor: Gabriela Oyola