Infancia #Disney



Las películas de las princesas de Disney formaron parte de nuestra infancia y cumplieron un rol importante en la conformación de nuestra identidad. Nos inculcaron valores y creencias que, con el pasar de los años, empezamos a cuestionar.

Quizás, al beso de amor verdadero de Aurora le faltó consentimiento o Ariel, La Sirenita, no debería haber aceptado perder su voz por un hombre. Clasicos como Blancanieves (1937), Cenicienta (1950) y La Bella Durmiente (1959), por mencionar algunos, nos mostraban que la máxima aspiración que una mujer podía tener era enamorarse de un príncipe. Hermosas y sumisas, las primeras princesas dejaban su destino en manos de sus enamorados. En estos filmes, el mal estaba encarnado, en su mayoría, por otras mujeres que, representadas como gordas, feas y viejas, envidiaban su juventud y belleza.

Con el pasar de los años, Disney llevó a las salas de cine a otro tipo de princesas como Jazmín de Aladdín (1992), Pocahontas (1995) y Mulán (1998). Desobedientes, rebeldes y con carácter fuerte, estos personajes defendían sus ideales y, una de ellas, hasta decidía ir a la guerra. Si bien todas tenían un interés romántico, no era lo único que las movilizaba. Además, pertenecían a distintas etnias, por lo que niñas de diferentes latitudes podrían verse reflejadas por primera vez en la pantalla en roles protagónicos.

En 2009, Disney estrenó La Princesa y el Sapo con Tiana como protagonista. Afroamericana, trabajadora e independiente, si bien se enamoró y casó con un príncipe, nunca abandonó su proyecto personal de abrir un restaurante. En 2012, apareció Mérida, la primera, hasta ese momento, en terminar soltera. Como bien lo indica el título de la película, era valiente, soñaba con ser cazadora y se negó al casamiento para vivir en libertad. Por último, en Frozen (2013) vemos como un acto de amor verdadero puede no ser solo de pareja sino también entre hermanas.

Entonces, aunque Disney perpetuó ciertos estereotipos de la sociedad patriarcal, actualmente, las cosas están cambiando. Las estamos cambiando. Las historias y princesas se transforman. Todavía falta mucho camino por recorrer pero, el cine infantil es hoy un poco más inclusivo e igualitario. Y las niñas aprenderán a no quedarse sentadas esperando al príncipe…

Escuchanos debatir sobre este tema en “Es Un Montón”: un podcast de centennials para centennials.

 

 

 

Autor: #EsUnMontón