“Si no dibujara, me encantaría ser meteoróloga” #MaríaLuque



“Yo vivía en un primer piso. Hacía unos dibujos, les hacía un agujerito, los ataba con un cordón, una lana, no sé qué era, y los tiraba por el balcón. Los dejaba como colgando de la baranda. Mi fantasía era que la gente se los llevara. A veces hacía incluso pedidos, contaba que yo vivía en el primer piso, que tenía siete años y que quería jugar con alguien”, me cuenta María Luque cuando le pregunto si tiene un primer recuerdo.

Nació en Rosario y empezó a dibujar “como todos, de chica”, pero ella siguió. Se anotó en la carrera de Bellas Artes, pero no la terminó y siguió formándose y buscando su camino en talleres y residencias.

A partir de las residencias, comenzó una vida nómade. Descubrió que cuando cambiaba de ciudad o de casa o incluso hasta de país aparecían nuevas ideas, nuevas posibles combinaciones de colores o de historias para contar. No solo era el cambio de paisaje, conocer nuevos artistas y poder aprender sobre sus procesos creativos y sus formas de trabajo le abrió un mundo . “Creo que en un momento fui bastante adicta a eso”, reflexiona.

Ahora por la situación mundial está quieta, así que trabaja la creatividad de otras maneras: sale, se junta con una amiga, charla, mira por la ventana. “Esos días por lo general suelen aparecer más ideas”. A veces tiene que forzar la “inspiración”, buscarla, pero ya tiene sus estrategias: “ir a dibujar a un café me sirve un montón. Dibujo mejor cuando estoy lejos de casa, sobre todo cuando estoy lejos de internet”.

Las ilustraciones de María Luque están llenas de colores. Cuando le pregunto, me dice que el color es lo que más le gusta y disfruta de pintar, pensar la paleta o dejar que simplemente surja en el momento, ver qué pasa cuando pone un color junto a otro. “Me genera una satisfacción enorme (risas) parecida a lo que le pasa al cuerpo cuando está comiendo una torta espectacular o un postre muy muy rico. A mí me pasa lo mismo cuando veo colores, es algo casi goloso”.

En cuanto a los materiales, me explica que van cambiando por época. Durante muchos años usó lápices de colores, que le encantan. Luego, empezó a usar más pinturas, acuarelas, acrílicos. Hace un tiempo que usa gouache. “Me encanta la saturación que tiene el color, el resultado, cómo se pueden superponer y la manera en que se cubre un color con otro, me fascina”.

Por último, le pregunto, si no dibujaras, ¿qué harías?

“Si no dibujara, me encantaría ser meteoróloga. Tengo una adicción extraña por los pronósticos del tiempo, me encantan. Miro varias veces por día, de varias páginas distintas. Incluso de ciudades en las que yo no estoy. Miro de ciudades que conozco y a las cuales les tengo mucho afecto. Me encanta. Me fascina estar atenta a la presión atmosférica, al cambio del viento, a las nubes. Me gustaría saber mucho más. Mi conocimiento es súper básico, pero sí, me encantaría. Si tuviera otra vida, me imagino una vida de meteoróloga científica”

Autor: Ma. Catalina Jimenez