¿Cómo #EditarPoesía?



Hay cosas que no logro entender cómo funcionan: los satélites, las cámaras digitales, la intuición, los deja vús y, por sobre todas las cosas, la poesía. No entiendo cómo hace uno para escribirla así que tampoco entiendo cómo hace un tercero para corregirla. Mientras reflexionaba sobre este tema me llegó el newsletter de Club de Poemas y encontré una edición vieja que se llamaba “Editar poesía” y empezaba de la siguiente manera: “¿Cómo se edita poesía?” me preguntó Cata”. Al parecer no soy la única Catalina en este mundo que se hace esas preguntas. Tampoco entiendo cómo funcionan las señales que nos envía el universo, pero creo que hay que tomarlas así que luego de leer a Afri Aspeleiter, editora de Concreto Editorial, decidí seguir investigando por mi cuenta.

Entrevisté a tres editores de tres editoriales muy diferentes, cada una con su impronta propia. Les pregunté cómo habían empezado, pensando que en el inicio estaba la respuesta.

Griselda García, de Griselda García Editora, me contó que comenzó a editar poesía en el 2004 en sus talleres de poesía. Empezó “por oído”, leyendo los textos que le traían sus primeros alumnos. Así fue aprendiendo. “Qué sonaba raro, si había alguna rima indeseada, alguna cacofonía, alguna palabra que quedara extraña al oído”. Entre los dos, poeta y editora, iba viendo el ritmo y la musicalidad, cómo se podía explotar. Al principio se “abalanzaba sobre los textos” y con el tiempo fue adquiriendo cierta suavidad y respeto. “El acto de mostrar un poema en borrador es un acto muy íntimo”, asegura.

Marcos Gras, editor de Santos Locos poesía, empezó su camino dirigiendo un ciclo de poesía en Club Matienzo. La primera vez que editó a un autor sintió respeto y miedo, pero hoy editar poesía “es un lugar en el que me siento cómodo”, me cuenta.

Mariana Kruk, editora de Halley Ediciones, llegó a una editorial como poeta y se quedó como editora. Al igual que Gras, sintió respeto la primera vez que trabajo con un texto ajeno y lo sigue haciendo. “Tengo muy presente que los libros con los que trabajo no los escribí yo. Trato de sacarme de la cabeza la idea de cómo hubiera escrito yo tal o cual cosa. Al leer a un autor uno más o menos tiene un mapa de cuál es el color de su poesía, trato de guiarme por ese mapa para sugerir, comentar, señalar”, explica.

Los tres iniciaron su camino en la edición de distinta manera y cuando les pregunto qué puede fallar en un texto los tres de nuevo me responden de manera distinta.

Griselda García me dice que pueden fallar muchas cosas. “La sola expresión de sentimientos y catarsis del autor eso para mí no es un poema y muchas veces lo hace fallar. El trabajo puramente intelectual sobre un determinado tema también lo hace fallar”. Sin embargo, no cree en la perfección de los poemas: “Los poemas que están perfectos, que no tienen ninguna cosa así, un… salvaje, eso no tiene mucha vida. Prefiero, a veces, un poema con ciertas desprolijidades”.

Mariana Kruk resume cualquier falla en dos pilares: Honestidad. Y música. Mientras que Marcos Gras me dice que todo puede fallar: “El poema es confuso, no tiene remate que es horrible o es una frase hecha, es redundante, o es cacofónico”. “O que se enamore de un verso y lo repita hasta el hartazgo”. Cuando le pregunto por el final me dice “no sé cuándo un poema se termina, no tengo ni idea, pero sé que cuando lo leo, entiendo cuándo termina. Es algo inexplicable”.

Mariana Kruk, por el contrario, no cree en tal final: “Soy muy consciente que las correcciones no se terminan, se abandonan. Y en este sentido, un poema no termina nunca. Además el poema es algo vivo, desde el vamos todo el tiempo está en movimiento, aunque ya esté impreso, o por eso mismo”.

Podría seguir haciendo preguntas para saciar la curiosidad de todas las Catalinas de este mundo, pero creo que hay que entender que, así como no hay dos poemas iguales, tampoco puede haber dos maneras de editar iguales. Cada autor recorre un camino al momento de crear una obra y cada editor traza un camino paralelo pero distinto para corregirla.

Autor: Ma. Catalina Jimenez