#CepoAlDolar ¿Adiós a la casa propia?



El Banco Central anunció nuevas restricciones a la compra de dólares con fines de ahorro. Entre otras limitaciones, estableció un impuesto del 35 % y amplió la cantidad de personas que no podrán adquirir el cupo mensual de 200 dólares. El motivo: la pérdida sostenida de reservas. Estas medidas impactan en varios sectores de la economía pero lo hacen de manera particular en el sector inmobiliario, dolarizado desde hace más de cuatro décadas.

Y esta particularidad tiene que ver con el sueño de acceder a la casa propia. Un deseo y muchas veces un mandato que, junto a la meta de casarse o tener un hijo/a sigue presente en nuestra cultura y aún en el imaginario de las nuevas generaciones. Es todo un símbolo de realización personal pero también el síntoma de una economía que permite el ascenso social. Esto obviamente más allá del bienestar, la calidad de vida, estabilidad, seguridad y sentido de pertenencia que brinda a las familias.

Desde otra mirada también lo podemos ver el acceso a la vivienda como un derecho, tal como lo plantea la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 25, apartado 1 y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales en el artículo 11. Entonces podemos comprender la responsabilidad del Estado a la hora de facilitar que la mayor cantidad de personas puedan acceder a ella, como parte de los derechos básicos, que junto a la salud, la alimentación y el empleo, por ejemplo, se debe encargar de resguardar.

Sin embargo, en nuestro país las distintas políticas históricamente adoptadas hicieron que cada vez sean menos las personas que pueden cumplir el sueño de la casa propia. Las nuevas medidas del cepo al dólar viene a agudizar este problema, al limitar al extremo las posibilidades de ahorrar en esa moneda, estando las propiedades valuadas en dólares estadounidenses.

Para graficar la radicalidad del problema, los 200 dólares mensuales que hoy están habilitados para la compra no permiten cubrir ni siquiera el 10 por ciento del valor promedio que cuesta el metro cuadrado de una vivienda usada en la Ciudad de Buenos Aires.

Según un informe de la UADE el promedio de precio del metro cuadrado para los barrios de Recoleta, Palermo, Belgrano y Nuñez, fue de 3.697 dólares para los departamentos nuevos y de 3.336 dólares para los usados. En consecuencia en el total de los barrios relevados se necesitan en promedio 6,67 salarios para adquirir un metro cuadrado de vivienda nueva y 5,87 para adquirir lo mismo de una vivienda usada.

A esto se le suma la pérdida de valor del salario debido a las sucesivas devaluaciones del peso, los acuerdos paritarios cerrados por debajo de la inflación y el alto costo de la canasta básica. Por todo ello, a una persona tal vez no le alcance una vida de trabajo para comprar una propiedad, aún a pesar de la baja de precios de los inmuebles que viene ocurriendo en los últimos años. En el sector inmobiliario, de por sí golpeado por la pandemia, ya presagien un congelamiento y brutal caída de la actividad.

Créditos hipotecarios ¿una opción viable? 

Pareciera que hasta hace algunos años, nuestros abuelos, padres o hermanos mayores pudieron contar, a pesar de los vaivenes económicos, con la opción del crédito hipotecario para alcanzar la meta de tener la casa propia. Hoy esa alternativa tampoco parece realizable debido, o bien a los numerosos requisitos e ingresos altísimos para calificar a un crédito del banco; o bien debido a su alto costo en el tiempo en cuanto a intereses.

Datos recientes del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires sobre el del Índice de Accesibilidad al Crédito Hipotecario revelaron que una familia de clase media necesita hasta cuadruplicar lo que gana para calificar a créditos hipotecarios para comprar un departamento de 3 ambientes.

La otra cara del problema son las cuotas, cuando están atadas a la inflación, que de más está decir, se incrementa exponencialmente. Como ejemplo basta recordar la triste experiencia de las familias que solicitaron los famosos créditos UVA, cuyo valor de las cuotas creció drásticamente en pocos meses, muy por encima del aumento de los salarios, lo que obligó a refinanciar los créditos en un mayor plazo para poder pagarlos.

Esto provocó también que los titulares de dichos créditos se organicen y realicen distintas movilizaciones para reclamar un financiamiento viable y que no ponga en jaque las economías de las familias. Solo para graficar la situación, una persona que en 2017 obtuvo un crédito hipotecario por 2 millones de pesos y pagaba 17.000 pesos mensuales de cuota, este año pasará a pagar cerca de 50.000 pesos.

En marzo de este año, mediante un decreto, el presidente Alberto Fernández dispuso el congelamiento de los montos mensuales hasta el 30 de septiembre. Hay gran expectativa, y por cierto temor e incertidumbre, por lo que pasará ahora que se ha vencido ese plazo.   

Mucho más que un techo

Este mes se conmemora el día mundial del hábitat. No es un año común, ya que está marcado por las consecuencias sanitarias, económicas y sociales de la pandemia global. La ONU nos propone como lema “vivienda para todos: un mejor futuro urbano”. En todo el mundo, la ONU estima que el 20 por ciento de la población carece de una vivienda adecuada, el 14 por ciento vive en asentamientos informales y el 1.4 por ciento directamente no tiene hogar.

Y es justamente ese significante el que se pone en juego: el hogar. Constituido de diversas maneras, es un lugar central para desarrollarnos y su valor va más allá del aspecto exclusivamente material. Se vincula nuestros afectos y calidad de vida individual y colectiva, ya que hace también a la sostenibilidad de las ciudades. Por eso es mucho más que “un techo”, es bienestar y realización de las sociedades y uno de los derechos básicos que el Estado debiera amparar. 

Autor: Luis Espeche