#Relato entre 4 paredes



Pasan los días de un encierro prolongado, de preguntas, incertidumbres y ninguna respuesta clara, el pensar de forma optimista sigue siendo una opción que cada vez es más lejana entre las paredes de mi habitación.

Arranco este recorrido en marzo, iniciando esta cuarentena pensando en aprovechar “ el tiempo”, de ver la situación de una forma positiva y productiva, una opción que poco a poco fue mermando, el desespero de un encierro no elegido, en un contexto no favorable se vuelve el pan de cada día de Argentinos y extranjeros que hoy estamos en igualdad de condiciones.

Sigo el recorrido llegando al mes de abril, donde en mi cabeza solo tenia 15 días más y “ya está”. Hasta ese momento, saber que no éramos los únicos, era, inconscientemente, una resignación y una manera de decirnos “ya pasará”. Sin embargo, nos advierten que 15 días no eran suficientes y que esos días iban a transformarse en un mes. Un mes de exploración de un hogar que, a veces, nos trata como a extraños.

Llegamos al mes del trabajador, que ironía es este tiempo en el cual ni se puede aspirar a la dignidad de trabajar. Mayo, mes en el cual reparo que la metodología de trabajo había mutado. Nos pasamos días buscando estrategias para que la comunicación sea fluida y asertiva, horas frente al ordenador o al celular que se incrementan al igual que los días de aislamiento.

Junio se presentó con la esperanza de arribar al famoso pico, para luego comenzar a aplanar la curva. Un pico que honestamente aún sigo esperando, la mitad del año está ya entre nosotros y nuevamente la necesidad de optimismo nos hace decir, un vacilante “ya falta menos”, sin embargo, la desesperación aumenta.

Empezamos el mes de julio con los decretos de flexibilización, con una mirada positiva, con un mensaje en medios de comunicación de “ya nos reencontraremos”. Pero muchos, los que desde el principio asumimos la responsabilidad y cumplimos, seguimos transitando cumpleaños por zoom, abrazos por skype y reuniones interminables por meet, a la espera de que en algún momento la famosa “flexibilidad” sea algo tangible y no solo un “veremos qué pasa”.

Se fue Agosto sin darme cuenta, y el anhelo hacia esa libertad que esperamos (desesperadamente) se vuelve mayor, las visitas a psicólogos aumentaron, las nuevas formas y procesos que debimos adquirir para acercarnos, entendernos, y comprendernos virtualmente, por momentos, se tornan abrumadores. Y yo sigo aquí con mi mirada de este 2020 que intenta salir, escaparse por la ventana, divisar otro horizonte y vislumbrar la primavera para no nublarse, para no diluirse, como cada día entre las 4 paredes de esta cuarentena.

Autor: Carlos Morillo