#LasCartas también pueden ser poesía



La literatura tiene sus géneros, entre ellos podemos hablar del género epistolar. Dicho así suena muy formal, pero lo cierto es que las cartas son una enorme superficie por donde se puede ahondar en la escritura como posibilidad de perderle temor a escribir. Sucede, muchas veces, que buscamos cómo nombrar lo que escribimos y no hay nada más rico que valorar nuestros recursos estéticos, en síntesis, nuestra mira mirada poética de la vida. Cuántos pensamientos diarios tienen aroma a poesía, solo que a veces necesitamos de un empujón para pensar que el arte es un reserva que cualquiera resguarda.

Te invito, a través de esta pequeña carta que hallé, entre mis textos, a que te animes a reencontrarte con ese lenguaje cotidiano que supone escribir o hablar a alguien para contarle las cosas más sencillas pero más profundas que te suceden. Pero no a modo de anecdotario personal, sino intentando recuperar esas imágenes que han quedado en vos. Y si te animás a soltar las palabras que se esconden detrás de esos recuerdos, seguramente aparece un poema.

En este texto vas a encontrar un poco de calles, de amistad y algo de pintura. Una mezcla de mis gustos, mis vivencias, mis preguntas. ¿Cuáles son las tuyas? Las compartis con nosotros #Copate

Querida amiga

No recibí todavía palabras tuyas. Cuando la tarde se vuelve primavera, pienso en vos, en los lugares por los que caminás. Creo que lo hacés sin apuro porque caminar no es, siempre, para alcanzar cosas. 

Tu silencio me provoca tristeza. Evoco ciertas calles, algunas plazas, un recorrido que hago sin estar ahí.

Crecimos en con esa incertidumbre de tejer lugares para reencontrar nuestra pequeñez y crear un hogar para volver. Pero este agujero que se abre, por tu silencio, por tu buen sentido desprolijo de la vida, me enoja. Quizá deba atrapar toda la naturaleza, en esta carta, para ver si en alguna de las ciudades por las que vas, te encuentro y me dejo viajar para conocer el mundo del que hablás, pero más que él, de su gente, la que te recibe en cada lugar. 

Viajar y viajar es sólo para dejar que la luz entre. Siempre que pienso en la pintura veo la viva manera en que los talentosos saben dispersar la luz por toda la trama, haciendo que no sea posible identificar  algún objeto más que otro. Aunque una mesa pareciera arrinconada, en oscuridad total, se deja ver por la luz solidaria que le llega de alguna zona de la tela. Cómo dejarme iluminar. He quedado enamorada de la copa de cristal, desafiante, con ímpetu, barroca, que resguarda una flor, con sus hojas, en una de las naturalezas muertas de Zurbaran.

Ayer me sorprendió un pájaro, entre las ramas de un árbol, detrás de una vieja casa del barrio. No cantó delante mío, sólo lo vi cruzar y se perdió entre los pasajes. Ir de un árbol a otro, ésa es su naturaleza. ¿Cómo seguir ese vuelo?

Agradezco que hayas dejado abierta algunas puertas de la ciudad, el almacén de la esquina de tu casa, algunos teatros, la casa de una amiga tuya que me regaló una gata preciosa. Te recuerdo caminando descalza por las veredas del barrio sin que nada te importara. Tus maneras me han hecho un poco más libre.

Sigo pensando qué hilos nos unen porque somos tan diferentes. Qué distancia plástica con tantos colores la que nos sigue conteniendo en esta fuente profunda.

Te escribo porque aún, a pesar de tu silencio, caminamos juntas por las mismas calles. De a poco vamos despejando mundo, ese del que habla Van Gogh en la obra de los famosos zapatos que tanto se parecen a los tuyos. 

Con el cariño de siempre, te espero.



Escuela Andaluza. Francisco de Zurbaran. Bodegón
 

Autor: Gabriela Oyola