#LaMerello, la voz de mujer que marcó el cine argentino



#YoSoyAsí

Los rostros femeninos del cine argentino de las décadas que van del 30 al 50, llamado cine clásico, nos acercan a figuras populares provenientes del teatro. Desde que el cine argentino se industrializa con la llegada del sonido, entre otros elementos propios del lenguaje cinematográfico, la voz pasa a ser el recurso más sobresaliente en la escena nacional. Asistimos, ya en los cincuenta, a una prosperidad cinematográfica tanto en recursos técnicos como en argumentos, la presencia del Estado, entre otros, marca este crecimiento y esa prosperidad cultural. La ciudad es tema de representación porque alude al crecimiento económico, social, cultural. La ciudad es tema desde los inicios de la década del 30 sólo que el cine llega al epicentro de la ciudad, a las luces de Buenos Aires, a 

través del tango, luego de haber pasado por el arrabal. El tango nace en las orillas, en el conventillo, en los barrios más alejados del centro, es el canto de mujeres, de hombres, que ponen la voz como queja, suspiro.

Hay voces melodramáticas en su sentido más romántico como la de Libertad Lamarque, pero también las hay en su sentido mas arrabalero como el de Tita Merello, donde el arrabal no está sólo en su voz sino también en su rostro. Arrabalera era es una película argentina estrenada en el año 1950, dirigida por Tulio Demicheli.  Dice el prólogo con imágenes de la ciudad de Buenos Aires de fondo:

En el vasto escenario de la grande y populosa ciudad de Buenos Aires hay rincones que permanecen escondidos, y sin embargo, en este laberinto de calles que forman un barrio dentro de esas viejas casas de madera y latas a lo largo de los corredores estrechos y sombríos, sobre escaleras que se empinan queriendo tal vez alcanzar el cielo, cerca de un agua espesa, dormida, se estremece el fuego de las pasiones. Aquí, como lo quiere el evangelio, cada día trae su propio problema, porque el trabajo, el ruido, la vida difícil, hombres y mujeres, marchan empujados por los vientos eternos del amor y el odio, dentro de un código de honor primitivo, pero profundo. Sus dramas tienen la música de fondo, agria y melancólica de las sirenas de los barcos y de las fabricas. Bajo este cielo manchado de hollín comienza nuestra historia.

El rostro de Tita es un rostro de las orillas, junto al río, en los bordes de una ciudad. El arrabal no es el centro, ni es el barrio, es esa región física y espiritual donde conviven la desesperanza y el trabajo, la lealtad, la comunión entre los inmigrantes, la música popular, el encuentro con las paisanos del interior. Pero el arrabal no gestó cualquier voz, la voz del arrabal es rastrera, tiene suelo, es esa mezcla de comunidades que tiene ecos lejanos en la historia argentina. La voz de Tita es la voz de la mujer que trabaja, educa a los hijos, cuenta con ayuda de su comunidad. Mercado de Abasto, película argentina dirigida por Lucas Demare en el año 1955, nos la muestra cantora y luchadora, pero nunca sola, otras voces evocan a la comunidad: los compañeros de la feria, la presencia del Estado para sostener la crianza de su hijo, hijo de madre sola, una solidaridad apoyada en una estructura que acompaña y genera posibilidades. 

Tita Merello, es ese rostro con todos los sonidos populares a cuestas, de la mezcla, aunque su voz resuene en el tango como música porteña, con sus espesuras también, su circulación, su relato particular. Si el tango fue el punto de partida del cine sonoro como cine de industria no lo fue sólo porque la técnica permitió su desarrollo, el tango vive en el conventillo como género musical que hace sonar otras músicas, despliega la imagen del mundo sainetero del teatro, esa convivencia esperanzadora de un grupo de gente que busca ser comunidad y  se encuentra nombrada en la imagen, en el cine, a través de la voz rostro de una cancionista popular como lo fue Tita Merello.

Tita es la mujer que el cine tiene como emblema de lucha. Quién no siente la fuerza femenina en una voz tan potente como la de la morocha del tango. Mirar hacia atrás nos hace empujar el carro con más coraje, y en ese carro vamos todos!.

Autor: Gabriela Oyola