Las elecciones del pasado 27 de octubre se realizaron en general con normalidad. Una vez más el país expresó su voluntad con una participación del 80,86%. Con un 48,10 % de los votos a favor, Alberto Fernández fue elegido nuevo Presidente de los argentinos por el periodo 2019 – 2023.

Los ciudadanos residentes en el exterior también ejercieron su derecho al voto batiendo un  récord de 49.300 participantes, de los cuales 9.000 lo hicieron a través del sistema del sufragio por vía postal. Al finalizar el conteo provisorio, los resultados arrojaron una marcada ventaja para el oficialismo, cercana al 75 por ciento. Por su parte, el Frente de Todos rondó el 17 por ciento de los sufragios.

Ahora vivimos el momento de la transición entre un mando y otro, pero también es un momento donde muchos se preguntan qué pasará de aquí en adelante y sobre todo qué decisiones se van a tomar para rescatar al país de la crisis en la que se encuentra inmerso. La responsabilidad de la nueva dirigencia pasa entonces por hacer realidad las promesas de campaña y corresponder a una ciudadanía a la cual el día a día se le ha vuelto insostenible.

¿El fin de la grieta?

El lunes posterior a los comicios, hubo una imagen que hace mucho no se veía e nuestro país: ambos dirigentes se reunieron en la Casa Rosada para comenzar el proceso de transición y llevar con una imagen de manos tomadas tranquilidad a la población y a los mercados. Sin embargo nuevas encuestas afirman que la ciudadanía continúa con una mirada polarizada del escenario político.

En lo económico, se esperaba un salto récord del dólar, que algunos economistas calculaban en torno a los 80 pesos. Si bien esto no ocurrió tan marcadamente, la misma noche del 27 el Banco Central tuvo que aplicar una restricción muy fuerte en la compra de la moneda extranjera, de un máximo de 200 dólares mensuales, que afectó a los pequeños ahorristas. La medida tal vez fue efectiva, pero una vez más, los perjudicados fueron los ciudadanos de ingresos medios o bajos que junto a sus familias hacen esfuerzos enormes para mantenerse a flote.

 La reacción internacional

La red social Twitter fue la herramienta utilizada por algunos mandatarios internacionales para felicitar al presidente electo. Uno de los primeros en hacerlo fue el Secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, quien sostuvo que desea continuar con la cooperación bilateral con Argentina basada en los valores democráticos beneficiando a ambas naciones. Y recientemente el mismo Donald Trump llamó a Alberto Fernández para felicitarlo y decirle que “espera conocerlo pronto”.

Por su parte, el presidente venezolano Nicolás Maduro también celebró la victoria y adelantó que su país enviará los fondos para terminar dos buques petroleros frenados desde hace años en el Astillero Río Santiago. «Empieza a configurarse una nueva situación geopolítica en la región”, afirmó.

A ellos se sumaron una otros tantos presidentes latinoamericanos como el presidente de Chile, Sebastián Piñera, el de Perú, Martín Vizcarra, Evo Morales, de Bolivia y el presidente de Paraguay, Mario Abdo. Esta adhesión tal vez marque un camino que impulse la implementación de políticas regionales,  por parte de Alberto Fernández.

No obstante, el presidente brasileño Jair Bolsonaro, se mostró enojado con el resultado de las elecciones, dado que tras el resultado de las primarias, ya había manifestado duros comentarios hacia nuestro país al sostener que Fernández impulsaría una política comercial proteccionista, y  luego de su triunfo, afirmó que el próximo 10 de diciembre, no participará de la asunción del nuevo mandatario argentino. 

Por una nueva cultura democrática

En estos años pareciera que la polarización se volvió parte de nuestra cultura y que ha ocupado las calles y la vida cotidiana. Pero no lo hizo solamente en las marchas y movilizaciones de uno u otro bando, celestes y amarillos, sino también en los barrios, entre los grupos de amigos o al interior de las familias. Las expresiones de apoyo muchas veces estuvieron cargadas de violencia. Muchas veces.

Por eso es importante pensar en una cultura más democrática, donde la violencia o el odio no sea un recurso válido. Es necesario entender que en la situación en la nos encontramos es más valioso tender puentes sobre una base en común que derribar los pilares fundamentales de la convivencia pacífica. Este es el compromiso ciudadano conde todos podemos aportar.

De parte de los gobernantes, la responsabilidad está en conducir el país cuidando de su gente, los niños, los adultos mayores y los más vulnerables. También promoviendo la salud, la educación pública, respetando la soberanía nacional frente a los organismos internacionales y ejerciendo la transparencia y la lucha contra la corrupción.      Que el debate sirva para construir.