Desde hace tiempo siento que la política es un lugar que me es propio. Principalmente desde que empecé a hacer experiencia en el teatro. Me arrimé como se arrima un gato, durante el invierno, a los lugares donde el sol mejor se asienta, para tomar calor, sentir ese abrigo natural.  Alguien me comentó hace poco que el teatro le parecía más vívido que la vida misma, le creí, porque en muchas ocasiones siento que se trata de una segunda oportunidad. Oportunidad para qué? Para darme cuenta de qué cosas valiosas está hecha la vida de todos los días.

Escribo sobre el espacio, me  inquieta la ciudad como cuerpo, con sus hermosos e históricos rincones. Me fascina caminar la ciudad  no tanto porque conozco sus calles, a veces ni siquiera sé por dónde voy, sino por esa sensación tan a contrapelo con la actualidad mundial: la importancia de las redes en la vida diaria.

Las redes también suponen lo espacial con la imagen directa, pero también evoca lo espacial de las noticias, locales o internacionales, el conocimiento de sitios a través de mapas, una especie de fragmentos de mundos mínimos que intentan formar un mapa total de la vida, incluyéndonos. Pero caminar la ciudad es pura materia y eso lo une al teatro, la experiencia de sentir el peso del propio cuerpo frente a otros cuerpos expresados, estéticamente, en un espacio concreto que trae nuevos mundos con sus imágenes.

Y llegó el día en que la escritura tomó cuerpo y me senté en una sala de ensayo sólo para ver. Después de unos silencios, algunos minutos de concentración, con mi cuaderno abierto para recibir otra cosa que no fueran palabras, la misma persona que me había saludado hacía cinco minutos, de repente, desapareció y vi nacer una criatura nueva. Recorrió el espacio, dijo algunos versos que resonaron en mi mundo. Salí a la calle después de tres horas de ensayo y por algunos momentos la calle, sí, la calle con sus autos y sus ruidos, la vida cotidiana, real, me pareció lo más ficcional del mundo. Adentro, con un cuerpo amasado, lleno de mareas, la vida era la vida, afuera se volvió opaco, hasta que fue perdiendo efecto esa sensación mágica. Fui hechizada apenas ocupé un lugar, cuando habité el espacio, cuando mi cuerpo se desarmó entero para unirse con la escena, aunque estuviese solamente mirando, que más que mirar era ver con todo el cuerpo. Mi piel se volvió más fina. Y otra vez el espacio y mi corporalidad.

Escucho la radio todas las mañanas y me sigo sorprendiendo de eso misterioso que tiene la radio, la voz que nace de un cuerpo como voz total. Ni siquiera la pantalla del celular, la imagen, me genera esa sensación física que tiene la voz. Las palabras se vuelven mundos concretos que habilitan todo tipo de espacios. Pensar en todo lo que sucede, me ubica, necesariamente, en esa realidad que pasa de la radio a mi carnadura. Y en esa decisión de ir ocupando lugares, habitarlos, la política se ha vuelto un lugar concreto.

Así como elegí situarme en el teatro, en la escritura, en las calles de la ciudad, en el cine de algunas décadas, porque me trae sitios de una Buenos Aires que me produce encantamiento, sus rincones, tomar mate debajo del gomero en la Plaza del Congreso, la política ha ido empujando mis sitios cotidianos. Quizá el de todos.

El teatro clásico griego nos trae esas imágenes de un teatro público, el circo en nuestras latitudes nos sitúa en los orígenes de un teatro popular. Las marchas, en estos dos años, por distintos motivos nos amplían la necesidad de expresar cierta estética de la política como un teatro vivo. Nuestro barrio es un espacio concreto donde emerge lo estético con sus calles pintorescas, sus temas, sus problemas. Lo político se nos presenta con personas haciendo fila para recibir un plato de comida o en una charla con alguien que cerró su local o perdió su trabajo. Una escena humana, desbordante, que el teatro recoge como pregunta social. Lo político nos corresponde diariamente.

Me interesa descubrirme en el arte pero también en lo político. Los caminos de la vida….no son lo que yo creía….no son lo que imaginaba…quizá en parte es cierto, pero  imaginar es mucho más que pensar. Imaginar es hacer vivir aquello en lo que creemos. Imaginar es una posibilidad y nuestras posibilidades son enormes y singulares, cada quien imagina un mundo con sus variaciones, sería imposible detallar tantos paisajes humanos.

Creo que este mes, los que vienen, son importantes porque somos quienes hacemos del arte o de la política un día a día, con nuestro cuerpo caminando, en un escenario propio, el que nos toca vivir todos los días. Las elecciones pasaron, pero la propuesta es pensarnos en los caminos que vamos eligiendo, en nuestras nuevas y buenas oportunidades que nos creamos, en cada uno de nuestros pequeños escenarios. Sólo de este modo lo político, lo artístico crece como algo común.

Además de habernos encontrado, casualmente, en una escuela para votar, intentemos ser partícipes día a día, poniendo nuestra voz, nuestro cuerpo, de la puerta para adentro y de la puerta hacia fuera. Los espero en el barrio, en la radio, en el cine y en el teatro!