#Estrategia de la luz: la fuerza de dos mujeres en las orillas del mundo



Me gusta hablar del teatro en sus variaciones estéticas porque me dispone a encontrar esa flor única que busca la abeja, cuando sobrevuela ciudades enteras, para asentarse en una sola. Cada obra busca sus flores, sale al encuentro de lugares que son sólo para esa dramaturgia, para expresar en detalle esa elección que deja ver su densidad, un camino por donde ha llevado su creación e invita al espectador a formar parte de ese campo enorme de flores, para transformarlo también en teatro, creando un compromiso en la escena.

El teatro convierte al mundo en lo que verdaderamente es el mundo, el mundo no es más que una escena en su revés, el teatro da vuelta el mundo en su carnadura única y transpira como cualquier trabajador. La historia es un simple ordenamiento de hechos lisos, pero de la mano del teatro se vuelve rugosa, tiene poros, suspira con hondura. Deja a la luz del día, en claridad pensativa, al mundo, como una criatura que grita desde la oscuridad, con un cuerpo vivo, que es al mismo tiempo el cuerpo del actor y el del espectador.

Qué vemos en la noche última de la vida de Juana “La loca”, en ese encuentro explosivo con Teresa de Ávila. Recogemos trozos de un diálogo histórico que nunca existió, una ficción necesaria que pone en escena estrategias de amor, para fundir en un solo cuerpo, a través de un último abrazo, la fragilidad humana.  Estrategia de la luz se vuelve campo de batalla pero la lucha es con la historia íntima, única, de cada personaje consigo mismo y de cada una para con la historia. Juana y Teresa ponen el cuerpo para crear, resistir, la noche es larga y en una habitación de un castillo sucio, alejado del mundo ordinario, espacio amurado, las palabras se vuelven cuerpo con la ondulación poética de los versos de Teresa y la furia lamento de una mujer que tiene corona pero no tiene reinado. 

La obra presenta una escena en claroscuro que nos evoca las pinturas de Goya.  Es el espacio de lo singular y lo conjunto al mismo tiempo, somos Juana envueltos en trozos de tela de la historia de un pueblo, pero también envueltos en el espanto del grito que nadie escucha. La mugre es síntesis del engaño, el abandono, la soledad a la que es expuesta para quitarle poder.

Teresa de Ávila, Santa Teresa de Jesús, santa, Teresa, la escritora del Siglo de Oro español, la mujer apasionada, todos estos cruces históricos e íntimos que  lentamente caen sobre los textos de Teresa, en una literatura de resistencia, de bella resistencia, para una poesía que crea una trama social de época y la pone al frente como trabajadora, poeta, viajante. Teresa se desarma en versos y queda frente a la pasión. La ceremonia religiosa, ornamentada, puramente dogmática se deshace en una fragancia exótica que tiene mirada de mujer. Teresa se despoja de a poco de su investidura religiosa para hacer de su poesía una desnudez preciosa, sutil, que se recita a sí misma entre olores y llagas de la dolorosa Juana, un cruce de mujeres que luchan hasta la última gota de luz.

La puesta nos recuerda a esas hermosas escenas pictóricas de museos que ocupan todo un mural. Aquí se trata de una pintura dolorosa con dos cuerpos que buscan correr como caballos, con espadas como poemas, polvo como lamentos, cabellos como lazos que tejen preguntas, deseos, razones. Un cuadro que de a poco introduce al que mira en esa batalla que intenta no un acuerdo, sino un lugar común desde dónde crear sensibilidad. No importa cuántas razones, qué tiempo histórico nos convoca, es preciso llegar a ese lugar último que es lo fraterno. Los cuerpos se deshacen de razones prácticas para brillar en la oscuridad y ya no vemos los harapos sucios sino que sólo sentimos la piel poética del teatro.

En el teatro el entendimiento es a otro nivel, convoca otros sentidos, compromete la sensibilidad,  entendemos con el cuerpo como lugar de resistencia a la razón pura. En Estrategia de la luz ese campo de lucha es la pasión como lucha primera. Se deja ver en las telas rotas, en ese cuerpo de Juana como un pájaro viejo que sobrevuela al ras de la tierra, pero pinta la escena con una profunda poesía. La paleta está hecha de grises en su encierro, pero para Juana la lucha, su corona, su reinado, es sobre sí misma y el color está en su voz que grita como un pájaro perdido en medio de la noche.

Qué importa si hay o no hay dios que salve a la reina, si Juana cree o no cree en dios, si Teresa cumple con el precepto final de dar una palabra de fe a una moribunda. El punto de partida siempre es el abrazo, la cuna, el regreso a lo más elemental humano: el amor. El rito de la religiosa o la magia de la reina, quizá sólo se trate de un cuerpo poético, de la fuerza originaria de dos mujeres que viven en las orillas del mundo y que se han salvado del poder.   

 

Ficha Técnica

Autoría: Adriana Genta
Actúan: Laura D´Anna, Teresita Galimany
Vestuario: Alejandro Mateo
Escenografía: Alejandro Mateo
Iluminación: Soledad Ianni
Música original: Osvaldo Aguilar
Asistencia de dirección: Andrea Albano
Producción ejecutiva: Juan Carlos Adriánzen, Carlos Ianni, Mercedes Kreser
Coreografía: Franklin Dávalos
Dirección: Alberto Isola
CELCIT
Moreno 431 (mapa)
Capital Federal – Buenos Aires – Argentina
Teléfonos: 4342-1026
Web: http://www.celcit.org.ar
Entrada: $ 350,00 / $ 250,00 – Sábado – 20:00 hs – Hasta el 12/10/2019 

Autor: Gabriela Oyola