Condena a #MarianaGómez: Cadenas al final del arco iris



El pasado 28 de junio, Buenos Aires se vistió con los colores de la diversidad. Desde el obelisco hasta el Puente de la Mujer, desde la Torre de los Ingleses hasta el Palacio Lezama, los edificios más emblemáticos reflejaron el arco iris para celebrar el Día Internacional del Orgullo LGBTQI. Sin embargo, ese mismo día, el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional 26 condenaba a un año de prisión en suspenso a Mariana Gómez por “resistencia a la autoridad” y “lesiones leves”. Agotada por todo el proceso del juicio, ella se desvanecía al salir del recinto.

Tal vez como sociedad estemos siendo víctimas de un sordo “está todo bien” promocionado por gobiernos y empresas que nos impide escuchar el grito de nuestro prójimo cuando le arrancan sus derechos. O a lo mejor seguimos pensando que “algo habrán hecho” cuando se trata de alguien que es diferente a uno. Lo cierto es que si continuamos repitiendo slogans como máquinas frente a los actos de injusticia ya no se trata de sordera, sino de indiferencia y cinismo. 

El caso de Mariana hubiese sido uno más de “resistencia a la autoridad” si el trato hacia las chicas hubiera sido igualitario respecto de cualquier persona que se encontraba en la misma situación. Pero no lo fue. Sucede que de todas las personas que estaban fumando en el lugar, decidieron acercarse solamente a las dos mujeres que se estaban besando. Sucede que a Mariana la trataron de varón con desparpajo, la agredieron físicamente y menospreciaron a su esposa, Rocío. Luego de esto vino la humillación de tener que desnudarse delante de los policías y someterse a cuanta pericia corporal se les ocurriera.

Entonces, antes de hablar de “resistencia” hablemos primero de violencia institucional. De lo contrario este fallo resulta discriminatorio en el sentido más limpio del término, porque termina validando un procedimiento desigualitario y por lo tanto incorrecto del accionar policial. Los “agentes del orden” actuaron a su antojo y distintivamente según lo que veían, y como remate, la jueza no puede mirar un poco más allá de lo que estos vieron. Así es como la ceguera contemporánea se convierte en injusticia.   

¿O qué esperábamos que las chicas hicieran? ¿Que luego de tantos años de lucha para poder darse tan solo un beso aceptaran calladitas los insultos, las agresiones y el sometimiento ejercido sobre su condición de género? ¿Esperábamos a lo mejor que de un golpe seco renunciaran a su dignidad como personas? ¿Acaso no vivimos en democracia? ¿Hasta dónde valoramos la igualdad?

Después de dar este debate, considerando las pruebas presentadas por la policía ante el tribunal, quizás aún podamos seguir incriminando a Mariana por su rebeldía pero también tendremos más luz para ver que las cosas aun no están del todo bien. Entonces podremos comprender que el verdadero pecado de las chicas fue levantar la cabeza en medio de las humillaciones y mirar a los ojos de su agresor con dignidad, apoyadas en algún derecho que creían haber conquistado.

Cada año, el Día del Orgullo LGBTQI se celebra en todo el mundo para conmemorar la resistencia gay y travesti desplegada en el boliche Stonewall Inn de Nueva York, hace 50 años. Aquella noche, luego de no obtener su “pago” para dejar funcionar el local, la policía decidió detener arbitrariamente a todos los presentes. No contaban que esas “maricas” resistirían.

De bar en bar, de calle en calle fueron llegando unas 400 personas que entre corridas, golpes y forcejeos terminaron rodeando a los agentes y les hicieron escuchar por primera vez el grito de ¡gay power, gay power! El sol de un día nuevo los encontró luchando así. La historia no fue la misma a partir de ese momento. Ese día marcaría un hito en materia de derechos civiles.  

Por eso es importante no perder la memoria y saber que el verdadero arco iris brillará cuando se hayan disipado las tormentas del maltrato y la discriminación en la vida cotidiana de las personas. Esto requiere más que una puesta en escena urbana o el uso de un lenguaje nuevo. Requiere rever las instituciones, sus procedimientos e incluso nuestros propios valores. Si realmente creemos en los valores democráticos, no dejemos que haya cadenas al final del camino.  

https://baenred.com/2019/06/18/juicio-a-marianagomez-la-espera-continua/

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Autor: Luis Espeche