#Elecciones2019: comunicación estratégica y efecto sorpresa



Las jugadas se fueron desplegando, los nombres se van terminando de definir en base a la conveniencia más que a las convicciones y las identidades de los partidos. El panorama de cara a las elecciones presidenciales 2019 tiene como protagonistas a las estrategias y también a la manipulación de significados que circulan socialmente.

Los dos candidatos que polarizan el escenario electoral realizaron jugadas con efecto sorpresa que obligaron al resto de los partidos a reacomodarse frente a esas decisiones. Estas opciones quedaron virtualmente, como “propuestas satélites” o mero “voto descarte” para quienes no quieren posicionarse a uno u otro lado de la tristemente célebre “grieta”.

Era un sábado a la mañana cuando despertamos con la noticia de la fórmula Fernández-Fernández. Esta “bomba” informativa hizo que durante todo ese fin de semana, e incluso en los días siguientes, los medios hablaran de ello y pusieran en primer plano a Cristina Fernández de Kirchner. Llamativamente, en el transcurso de esas horas la cuenta de Facebook del Presidente comenzó a realizar posteos compulsivamente.

El contenido de esa propuesta puso el énfasis en el llamado a un consenso y una “unidad” para enfrentar la crisis económica actual, comparada en el video de lanzamiento,con la de 2001. De allí también la elección de un candidato a Presidente como Alberto Fernández, con un perfil más técnico y articulador que político. Aunque a la vez el mensaje ratificó una idea de lo nacional, lo local o lo argentino, como un elemento más de dicha unidad.

Por su parte, recientemente el Presidente lanzó la fórmula Macri-Pichetto. El factor sorpresa en este caso estuvo dado por la elección de un candidato peronista. Sobre todo porque el oficialismo siempre fue muy crítico de su modelo de políticas y de sus representantes. A esto se le suma el hecho de que la Unión Cívica Radical aún es parte constitutiva de Cambiemos.

En los argumentos de esa fórmula, el juego de significados estuvo dado por un llamado al “diálogo” y a “no volver al pasado”, vinculado a la corrupción y a la desconexión con “el mundo”. En cambio se asoció a la fórmula del oficialismo con “el futuro” y la integración al círculo de países que lograron “crecer” y progresar.

Así, “consenso” y “diálogo” aparecen como comodines políticamente correctos sobre los que se sustentan, de uno y otro lado, los virajes electorales. Atrás pareciera quedar la época en que los partidos presentaban una identidad más sólida o acotada, con representantes fácilmente reconocibles dentro de su universo tradicional de ideas.

Como corolario, a cuatro meses de las elecciones nos volvemos a encontrar con un escenario polarizado, que brinda pocas posibilidades de elegir entre nombres que no sean los ya conocidos. Con identidad rígida o flexible, con diálogo o proyectos acotados a un solo partido, tal vez sea el momento de pensar menos en las estrategias de comunicación y más en las propuestas de gestión para mejorarle la vida a las personas.

 

Autor: Luis Espeche