#Hidalgo, una invitación a reescribirnos desde la poesía



Cuando el cielo entra por la ventana

Lo más hermoso de la poesía es que no tiene rostro pero evoca paisajes infinitos. Y estos paisajes traen siempre lo amoroso. HIDALGO es el espacio de la conquista asentada en una puesta en escena, que hace de sus dos personajes, seres austeros en busca de libertad. Personajes que exponen en su actuación una fina y sutil melodía.

Un joven (Agustín Daulte) que viene del campo y ocupa en préstamo un departamento en el centro de la ciudad, a punto de reprobar por tercera vez su año escolar si no presenta su trabajo práctico sobre un poeta casi desconocido: Bartolomé Hidalgo. Susana (Paula Marull) una mujer trabajadora que administra la venta de ese departamento, agobiada de tanto viaje diario, para lograr apenas una comisión inmobiliaria. Y en el centro de este espacio común sucede el encuentro inesperado: una luz cálida se enciende y estos dos personajes sencillos se descubren.

Quién es HIDALGO o qué es lo hidalgo de la vida. Hidalgo, de hidalguía, de valiente o de la conquista de lo vital: la libertad. Personajes destinados a vivir en la sombra son guiados por Bartolomé Hidalgo, un poeta rioplatense, fundador de la poesía gauchesca. Quién fue Hidalgo, un hombre común, sin rostro, un poeta.

Entre el desorden de un departamento, apenas un colchón y lo esencial para vivir, y un bolso lleno de maquillajes con los que llega Susana, un spray de cabello que atrapa al espectador en una bruma de risas, a la espera de los futuros compradores, el mundo de los negocios y la desesperación decaen para dar espacio a un nuevo paisaje: la poesía. Esa composición antigua que toma vuelo y sale del papel para recrear mundos.

Imaginar a Hidalgo a través de sus cielitos  -antiguo género de la literatura gauchesca -, sus caminatas en la llanura, luchando en alguna batalla, dando de comer a sus hijos, yendo y viniendo hasta convertirse en poeta o serlo desde siempre. Es que se trata de eso, de volar, de desarmar, de conquistar-se la vida.  Y entre lechugas, mayonesa, galletitas y un celular que suena para concluir la venta, desde un piso que tiene una vista privilegiada, el cielo comienza a aparecer.

A Susana le interesa cada vez menos su comisión inmobiliaria. Una bella noción de la patria a través de una reversión de Alta en el cielo, con sólo una guitarra, unifican el espacio y la vuelven poeta con una luz puntal, se recorta la silueta y su mirada asoma por la ventana: desea volar. Entusiasmada por ayudar al joven, para que no repruebe, compone sus versos pensando en Hidalgo.

La melodía acustizada, envolvente, vuelve pequeña la noción de lo patriótico, se trata de una canción de cuna: casi como nacer.

Ser prócer, ser conquistado por los sueños, ser hidalgo.  Y finalmente el joven rompe el pesimismo y se vuelve también HIDALGO, con un monólogo de gran profundidad. Un poema, una textura, un tejido poético que clausura la obra con una sencilla guitarra.

Y nadie conoce el rostro de este poeta y en ese vacío de imagen surge el nuevo paisaje. HIDALGO es la invitación a reescribirnos desde la poesía para alcanzar con valentía la libertad: alta, en el cielo, un águila guerrera ¡la poesía! 

 

Autor: Gabriela Oyola