Entre gritos y risas, con pasión y rodeados de un desorden multicolor los jóvenes van tomando las calles. Sus pisadas son los pasos de una sociedad que avanza, son los nuestros. En estos últimos años fuimos y somos testigos de una juventud que se pone de pie y lucha por más derechos, que opina, debate y reclama. Es la juventud empoderada despertando nuestras conciencias y golpeando nuestro corazón.

 

Al calor de la democracia, los jóvenes argentinos supieron enarbolar distintas banderas. Entre ellas podemos mencionar a la del Movimiento LGBT. A principios de los 90, unos 200 osados marcharon por primera vez para pedir por el fin de la represión. Muchos de ellos usaban caretas porque temían ser despedidos de sus trabajos.

Tal vez ninguno hubiese imaginado que hoy, apenas unos años más tarde, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la adopción, o la identidad de género serían una realidad. Ni que aquellos primeros pasos que dieron entre miedos y soledades se convertirían en un clásico de la ciudad que cada año convoca a cerca de 200.000 personas en la marcha del orgullo.

Otro de los hitos en el camino por la igualdad lo marcaron ellas, jóvenes mujeres que el pasado 8 de marzo marcharon en un solo cuerpo para gritar Basta! ante las agresiones y humillaciones provocadas por la violencia machista en el trabajo, en el hogar, en sus vidas cotidianas. Más de 500.000 personas dijeron presente en las calles en una movilización que trascendió los límites nacionales y contó con la adhesión de 170 países.

Y recientemente pudimos ver cómo una marea verde se apoderó del espacio público pidiendo por el aborto legal, seguro y gratuito. Ni las largas horas de vigilia ni el frío o la lluvia pudieron apagar la vitalidad de esos jóvenes. También aportaron al debate aquellos que vistieron de celeste y tenían una posición contraria. De uno y otro lado hicieron oír sus voces, y si bien la ley no se aprobó en el Senado, lo que nadie pudo hacer es permanecer indiferente.

La ciudad se conmovió una vez más en la última marcha en defensa de la Educación Pública. Más de 20 mil personas pidieron por el salario de los docentes, el presupuesto universitario, el boleto educativo y las becas, entre otras reivindicaciones. La noche cayó y la Plaza de Mayo se iluminó con esas presencias persistentes.

En cada movilización los jóvenes dejan sus huellas en el asfalto, nos emocionan y nos enseñan el valor del cambio. Nos muestran una cultura de la libertad que nos saca de nuestra zona confort y nos ayuda a repensar el mundo en el que vivimos