#ReformasUrbanas. Patrimonio cultural



Cuando la Historia se deja caer

A lo largo de todas las notas referidas a la ciudad, específicamente al espacio urbano, hemos pensado en cada uno de los barrios y dentro de ellos en su fisonomía, su paisaje. Esas características que nos hacen hablar de lo porteño como una cualidad. Cada lugar de nuestro país tiene la suya. La arquitectura responde a procesos histórico-culturales. Si tratamos de ubicar los sitios-emblema que hacen a la identidad porteña casi que podemos recibirnos de arqueólogos urbanos intentando rastrearlos. Pero contamos con el Casco Histórico de la ciudad. Monumentos públicos como el Cabildo se hallan rodeados de otros que responden a la Historia de nuestra Independencia. Todas esas luchas están grabadas en espacios concretos y son el cuerpo visible de nuestras conquistas como pueblo.

Cuando hablamos de Patrimonio Cultural a qué nos referimos entonces: nada más ni nada menos que a aquello que nos es propio (patrimonio), es eso común que nos representa en un espacio concreto, situado físicamente, donde la memoria de los pueblos se inscribe como histórica. De ahí la importancia de la preservación y de cierta consciencia de lo común-colectivo.

La evolución o el desarrollo de las sociedades no tiene que ver con hacer tabula rasa. Sería como pararse sobre las ruinas e intentar borrar las huellas de lo hecho. Que no exista preocupación por la preservación con políticas culturales concretas es hacer justamente eso: tabula rasa.

Hay una película italiana que siempre me ha cautivado, se trata del film Alemania año cero, de Roberto Rossellini.  El film se corresponde con un movimiento llamado neorrealismo italiano. Rossellini inaugura una estética demasiado real, descarnada, porque lo que vemos en esa ciudad es una cámara que se pasea por un espacio en  ruinas después de la la Segunda Guerra Mundial. La ciudad aquí es protagonista pero sobre todo sus ruinas porque representan en su destrucción lo irrecuperable humano. En este caso extremo el espacio es la representación viva de la posguerra que su director ha querido mostrar a través de una ciudad destruida. Qué sucede aquí con el tiempo: no hay pasado, ni presente y el futuro es sólo incertidumbre.

Sin ánimos de comparar, porque nuestra experiencia es diametralmente opuesta, la historia de la ciudad se encarna en sus construcciones pero también en la destrucción o desaparición de sus espacios. Hay ejemplos tanto de puesta en valor de la arquitectura y otros de desamparo de los bienes culturales. La puesta en valor de algunos edificios, es el caso de una confitería ubicada en la zona de Almagro, conocida como Las Violetas. Pero es el trabajo de una cooperativa que decidió hacerse cargo de un espacio típico de los porteños de una época. Pocos sabemos su historia, pero casi todos hacen fila para tomar un té en allí. Por qué Las Violetas fue rescatada de su desaparición. Por un lado, fundamentalmente por la fuente de trabajo de sus empleados y por otro porque, en definitiva, desprenderse de este lugar es comenzar a trozar la ciudad.

“Que no exista preocupación por la preservación con políticas culturales concretas es hacer justamente eso: tabula rasa.”

El arte tiene sus museos, los hechos históricos sus edificios, los próceres sus monumentos en espacios públicos, la salud cuenta con sus hospitales centenarios que han comenzado a peligrar en muchos casos. La conservación del patrimonio no alude a cuestiones estéticas, sin negar que los estilos nos remiten históricamente al pasado, forman parte de un tejido que reúne cultura. Se trata de la identidad de las regiones. Son documento histórico. A nadie se le ocurriría derrumbar el Colegio Nacional Buenos Aires para reemplazarlo por un rascacielos posmoderno en el que funcionaran todo tipo de actividades que enriquecieran la vida de la ciudad. Por qué. En primer lugar porque hay leyes que no lo permiten. Claramente son símbolos de ese tejido social. Sin embargo, hay espacios fronterizos, edificios con menos difusión en cuanto al quehacer cultural o educativo. Menos conocidos por sus habitantes. Estos lugares invisibilizados por las políticas culturales corren un riesgo permanente. Por qué. Porque no se destinan presupuestos justos para su mantenimiento (he aquí una maravillosa excusa para demoler!) y por otro lado, al ser menos conocidos, no hay demasiado lugar para la acción de colectivos proteccionistas que intenten frenar estos errores que nos hacen fracasar como sociedad.

Estamos en épocas de “reformas”. De qué hablamos cuando hablamos de Reformas. Hay dando vueltas un Proyecto Educativo presentado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires: UniCABA. Se trata de una reforma educativa y edilicia de los 29 Profesorados públicos que llevan adelante la formación de docentes de todas las disciplinas IES (Institutos de Educación Superior) Dos cuestiones: unificar los planes de estudio bajo un título universitario y unificar los edificios en un espacio que funcionaría como Polo Educativo.  Suena posmoderno verdad?. Es que es posmoderno, es decir, el pos de lo pos, donde no hay huella posible, una especie de minimalismo donde no hay referentes, un borramiento del pasado al que lo posmoderno nos tiene acostumbrados. Pero lo vintage está muy de moda. Cuánto contraste.

En esta nota nos ocupa el Patrimonio Cultural material: qué será de la vida de esos edificios que fueron inaugurados alrededor del 1900. Nadie responde estas cuestiones, pero si nos dejamos llevar por lo hecho hasta ahora me dejo vencer por la incertidumbre. El proyecto no es claro, es breve, no convoca a la Comunidad Educativa que es parte fundamental en esta discusión. Fue presentado en el MAMBA ante ONGs, empresarios, gremios y algunas universidades. Qué es una reforma. Se trata de mejoras, implementar recursos que ayuden a enriquecer los modelos, reorientar, pero con la voz de sus agentes fundamentales. En cuanto a las “reformas” edilicias no hay mención alguna. A veces el silencio dice mucho más. Acaso algún shopping?.

Soy una fanática de rever films argentinos de las décadas del 40-50 y veo en esas escenas de calles una ciudad que no es. No me mueve la nostalgia sino las preguntas por una geografía, un paisaje urbano que se corresponde con nuestros procesos históricos. Todo lo que vemos nos corresponde. Por qué el Nacional Buenos Aires sigue en pie, la Manzana de las luces, el Cabildo. Se trata de turismo solamente?. Estamos así, de reforma en reforma. Sabías que existe el Museo del Lenguas Vivas dentro del Instituto de Enseñanza Superior en Lenguas Vivas Juan Ramón Fernández que fue incorporado en la Noche de los Museos, que cuenta con fotografiás y objetos de distintas épocas desde su fundación?. Por un lado se lo incorpora como Museo y por otro se lo intenta vaciar de su función histórica con este nuevo proyecto UniCABA.

No hay Historia sin documentos (relatos orales, edificios, objetos, etc) son el testimonio del pasado y permiten a sus sociedades proyectarse. Habitamos la ciudad y somos habitados por ella por eso cada reforma pone en juego no sólo un material per se sino que en esa materialidad se encarna lo simbólico en términos de Historia. Las reformas deben surgir como expresión de una necesidad común. Cuando el conjunto demanda cambios y no cuando los cambios surgen a partir de intereses de una de las partes. Mucho menos cuando una de las voces fundamentales (educativa en este caso) no demanda sino que se ve contrariada por una reforma confusa.

En definitiva no se trata de conservar espacios o políticas educativas por el sólo hecho de anclarse en un sistema conocido. Se trata de evaluar desde el interior de esas comunidades respetando una tradición que se fue tejiendo por décadas y que a la par fue procurando reformas adecuándose a las necesidades. Caso contrario no seguirían funcionando y atendiendo demandas sociales tal como lo hacen los 29 IES en la Ciudad de Buenos Aires y que tienen reconocimiento Internacional. Si la comunidad educativa dice NO, merece al menos nuestra atención frente a ese NO. Las REFORMAS surgen del corazón de sus instituciones, de la vida cotidiana de sus actividades, de la experiencia viva de sus actores. De lo contrario estamos hablando de meros edificios bellos.

En la ciudad el paisaje urbano es la piel de nuestra comunidad, sus valores, deseos, proyectos. Quien ve caer un monumento no ve sólo caer un objeto sino que deja caer una parte esencial de su Historia. Cuando paseamos buscando los bares más bonitos de la ciudad no buscamos sólo un lugar original. Buscamos el origen de nuestra ciudad y en definitiva buscamos entender quiénes hemos sido y quiénes somos.    

 

Autor: Gabriela Oyola