#AVistaDePájaro, desde el Riachuelo hasta Palermo



Jean Desiré Dulin en el Museo Histórico Cornelio de Saavedra

Quién no ha quedado extasiado frente a una vista panorámica de un paisaje urbano o rural. Todo se vuelve pequeño e inmenso a la vez. Por qué. Porque nos situamos, con la imaginación, en ese espacio. La imaginación es un enorme recurso explotado por la cartografía, esa ciencia que dibuja mapas, vistas de ciudades. A veces somos un poco cartógrafos cotidianos tratando de descifrar sitios en el Google Maps para llegar a un punto de la ciudad. Pero quienes diseñan estos mapas son verdaderos profesionales  apoyados en la tecnología de la imagen para facilitar su elaboración. Impensado en otros siglos donde los dibujantes sólo contaban con ese recurso que todos tenemos: imaginar.

Buenos Aires tiene sus propias representaciones, los primeros cronistas, los primeros habitantes de esa Buenos Aires primitiva, hicieron sus interpretaciones. Algunos presentaban a esta diminuta aldea como un gran Fuerte sólo para espantar a los posibles conquistadores. Otros viajeros plasmaban imágenes fantásticas de animales autóctonos que les resultaban exóticos. Cada quien veía Buenos Aires a su manera. Comentando  sus intereses a través de la imagen. Pero a diferencia de estos intérpretes la cartografía es fiel en su representación territorial porque se trata de una ciencia. Pasa a escala reducida porciones de ciudades en una imagen plana porque la Tierra es esférica. Resulta interesante cómo los materiales fueron cambiando, los primeros cartógrafos y durante mucho tiempo, pintaron estas vistas con tintas. En la actualidad todo fue reemplazado por programas informáticos que no dan margen a error. Google Earth es un ejemplo muy claro. Y no podemos dejar fuera de escena a esos famosos pájaros robóticos que vemos en el cielo de nuestra ciudad, que producen imágenes panorámicas perfectas: el Drone o los drones. 

Lo asombroso, lo maravilloso, es descubrir que hace muchos años, 1915 con exactitud, Buenos Aires fue cartografiada por un talentoso artista francés como Jean Desiré Dulin.

Si damos una vuelta por el Museo Histórico de Buenos Aires Cornelio de Saavedra, nos vamos a sorprender con una vista aérea de la ciudad. Una pintura de 12 metros de largo y 1,46 de alto que fue donada por Estados Unidos recientemente. Eso es talento natural, diría mi abuela!. Es que esta vista llamada  “A vista de pájaro” impacta. Un género pictórico muy utilizado en los siglos pasados para elaborar vistas de ciudades. Impacto. Eso es lo que produce en el espectador. Rara expresión para estos tiempos en los que casi nada nos sorprende. Enorme curiosidad surge al pararse frente a este trabajo monumental. Lo mejor: la vista no ha sido pintada en partes y luego anexada hasta formar la imagen total. Sino que se trata de un único papel de 12 metros. Lo inusual en esta cartografía es que el dibujante proyectó partes de la ciudad que aún no existían y que jamás fueron se concretaron. Evidencia de una gran afinidad con el urbanismo. Quizá Buenos Aires le haya resultado tan atractiva como para quienes también somos fanáticos de esta ciudad. Esta vista se extiende desde el Riachuelo hasta Palermo.

Se dice de esta obra contiene el pasado, el presente y el futuro de Buenos Aires. Pero aquello que imaginó tiene un valor extra. Nos corre de la cartografía como ciencia y nos ubica en lo artístico. Por qué. La diferencia entre la ciencia y el arte es que la ciencia va en busca de una verdad objetiva mientras que el arte construye una verdad para el sujeto. Se ubica en el deseo, en la creación motivada por la imaginación. Crea mundos nuevos ahí donde sólo vemos uno.  Por eso forma parte de una exhibición en un museo y no en un archivo histórico de consulta. Nos regala una Buenos Aires mágica.

La ciudad cambia día a día. Algunos monumentos históricos se conservan y otros desaparecen, son reemplazados por construcciones rentables. La eterna lucha no es sólo conservar un edificio histórico sino la Historia de la ciudad. Nuestro pasado. Y el arte tiene esas cosas: sale en busca del deseo, critica con la mirada, hace preguntas.

Cuando somos turistas corremos detrás de la historia patrimonial, fotografiamos hermosas construcciones, buscamos lo identitario, intentamos recuperar lo histórico a través de las imágenes de las cosas.

Lo que genera el trabajo de este dibujante francés, Jean Desiré Dulin, además del impacto por su enorme talento, es no reconocer a Buenos Aires o es ver a Buenos Aires como en sus primeras épocas. No parece la misma ciudad por la que caminamos a diario. La vista panorámica genera esta sensación. Pero sucede que esa pintura es Buenos Aires pero recuperada en su belleza original. Hermosa, con monumentos públicos que permanecen pero también con sitios perdidos. Buenos Aires vista de lejos.

Muchos colectivos comunitarios trabajan por la conservación de edificios que son parte de nuestro patrimonio cultural y que conforman nuestra identidad. Quiénes son. Por qué lo hacen. Cómo trabajan y dónde. Basta de demoler es uno de esos colectivos sin fines de lucro que se proyecta en ese sentido.

Quizá, como cartógrafos cotidianos que somos, buscando en nuestros celulares cómo llegar a un lugar de la ciudad, podamos acompañar, de vez en cuando, esta lucha que es de todos. Buscar caminos para recuperar y conservar nuestra ciudad.  

Quién no ha deseado volver a la casa de su infancia. Buenos Aires es la casa que habitamos a diario. Somos un poco dibujantes con la tecnología a cuestas. Fotografiamos la ciudad más que nunca, subimos imágenes en nuestras redes. Somos cartógrafos amateurs y llevamos pedacitos de la ciudad.

Esta muestra de Buenos Aires en el Museo Saavedra es testimonio de un cronista, quizá, enamorado de un lugar que perpetúa nuestra ciudad en la pintura. Esta obra debería interpelar la relación que tenemos con nuestra ciudad. Cómo es posible conservar el pasado, cuidar nuestro presente y seguir proyectando un futuro sin dejar de lado la Historia.


 

Museo Histórico Cornelio de Saavedra

Este museo, ubicado en el límite de la ciudad, resguardado en un parque extenso llamado Parque General Paz, en el barrio de Saavedra, conserva objetos de la vida porteña del siglo XIX. Era una finca de la familia Saavedra y es un hermoso ejemplo de conservación histórica que pasó a ser museo en el año 1942. Su origen no está ligado al arte ya que sólo era una casona de familia, pero la Historia se encargó de recoger trozos de material y recomponer a través de objetos, de una casona de una bella arquitectura colonial, un atractivo espacio cultural. Y así, un objeto con cierta utilidad como la vestimenta de la época, se vuelve objeto estético. Ya no cumple esa función de uso, vestir a las señoras con sus enormes peinetas, sino despertar en los visitantes una pregunta por la vida porteña de esos siglos. En este museo los objetos tienen valor artístico e histórico. Por eso también vamos a encontrarnos con muestras temporales de grandes artistas locales e internacionales. En esta oportunidad con  Desiré Dulin (1839-1919) francés, quien nos regala una hermosa vista de la Buenos Aires de 1915 en una panorámica con técnicas de pintura. Pero también nos podemos encontrar con un precioso teatro, Carlos A. Pueyrredón, donde se disfrutan obras durante todo el año. Objetos, una casa exquisita, teatro y un paseo natural te invitan reconocer parte de nuestra identidad histórica y cultural.   

 

 

Autor: Gabriela Oyola