Corsos en la ciudad #FiestaDeLasMurgas



 

Desde el año 1600, hasta su reglamentación en 1997 por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, los carnavales fueron recreando el contexto socio-cultural de la época. Una mezcla de herencia española y baile de los esclavos negros en América.

#Febrero. Hacemos una parada en la ciudad, porque durante todos los fines de semana hasta el 25, feriado mediante, del 13 y 14 que hace honor al Carnaval, podemos recorrer las calles de distintos barrios que con sus coloridos banderines nos invitan a vivir la experiencia, o evitarla. Algunos vecinos se quejan por los cortes de calle programados para esta fiesta, otros los esperan ansiosos. Ciertamente, las cientos de murgas que durante todo el año, de manera rigurosa, constante, autogestiva se preparan en plazas, clubes, colegios, salen a lucir la confección de sus trajes, su música y su baile. 

#Murgas. Se levanta un escenario y los micros comienzan a llegar ubicándose en la zona de desfile. Canciones de autor presentan el origen del nombre de cada murga, reflejan el trabajo que realizan, las demandas sociales que en un tono festivo, poético, dan lugar a un espacio vital que sólo sucede en las noches de verano. Murgas independientes cuyo sentido  es la crítica social a partir de valores y anhelos propios. Así, desde el escenario unas, desde un circuito más alternativo otras, se vive una fiesta liberadora. Llena de potencia. Pero  no sólo aquí es festividad callejera. Unas semanas atrás viajé en taxi y el conductor, oriundo de la provincia de Jujuy, me comentó que hace años trabaja en la ciudad, pero en el mes de febrero migra a su provincia para vivir el carnaval.

#CarnavalDeJujuy. Otra región, otros colores, una expresión distinta que

hace desenterrar al diablo durante esos días, para unir a la comunidad. Quizás una fiesta más ligada al mito de la fertilidad en los bailes y la música. Pueblos que desde su tradición viven esta celebración con tintes de religiosidad. Una desmesura artística que mantiene un tono dionisíaco. Me atrajo el baile de las mujeres “comadres” que dan inicio a la fiesta con sus trajes coloridos y las danzas. Me dice -“ahí se desentierra al diablo o el Rey Momo”- Para mí este personaje era sólo un pomo de plástico para tirar agua durante el verano de mi infancia. Pero resultó ser el mismo diablo. Los trajes en el norte de nuestro país llevan los colores y la vestimenta típica, sumando brillo y máscaras de las más variadas. Una riqueza regional, artística, que nos empuja a una zona de pura magia.

#ElCorso. En nuestra Ciudad, en cambio, los trajes de las murgas ridiculizan a los antiguos trajes usados por las clases altas del siglo XIX. Noches de un paisaje urbano con sonido y color. Cada lugar tiene un festejo a su modo, en el norte las comadres bajan desde el cerro, en la ciudad todo se ordena para encuadrar un recorrido, lo cierto es que esta fiesta (cada vez más reducida en la Ciudad ) resalta algo que cada vez es menos visible: el cuerpo. Asistí este fin de semana al corso del barrio de Liniers, con la murga “Los pibes de Don Bosco”. Poca gente en un barrio en donde la palabra “vecino” corre todo el tiempo. Qué sucede?. No voy a presentar el antiguo conflicto del auge de la tecnología, sólo que en este momento recuerdo las enormes pantallas que asfixian en las calles de la ciudad de Manhattan. Aplastantes. Qué pena, pensé. Un corso por una red social hubiese tenido más asistentes, sin duda. Corsos en extinción o cuerpos en extinción? Sin ser apocalíptica los corsos tienen lugar aún, pero vale pensar en nuestra relación con ese espacio de juego, de intercambio de roles, donde se desdibujan las diferencias sociales. El cuerpo allí se mueve junto a otros. Eso es quizás lo que hace al paisaje vivo. De qué sirve un lugar sin que nadie lo habite?. Tal vez el desafío es pensar los modos de participar de la celebración mediante la difusión del trabajo que realizan las murgas durante todo el año. Saber dónde se reúnen. Qué otras actividades realizan. Tomar esa luz que aún se enciende en las noches de carnaval, en sus distintos barrios. Porque la luz del celular no brilla tanto como la de los ojos de los chicos tirando espuma.


#SabíasQué?

  •  La MURGA es un  modo popular de música y baile callejero.
  • Cada Murga cuenta con una canción de presentación, otra de crítica y una de retirada.
  • El instrumento característico es el bombo y platillo que marca el ritmo del tradicional desfile.
  • En la vestimenta se destacan el frac, los guantes y las galeras;  provenientes del atuendo que solía usar la población de origen africano para los carnavales, en el siglo XIX. Ellos reformaban la ropa usada entregada por sus patrones, a fin de ridiculizarlos. 
  • Cada murga se vincula fuertemente con el lugar donde nació, a tal punto que cada murga lleva orgullosa de apellido…el nombre de su barrio.