#B.A.B.E.L (Buenos Aires, buceando en laberintos)



 

La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra. Las epidemias, las discordias heréticas, las peregrinaciones que inevitablemente degeneran en bandolerismo, han diezmado la población. Creo haber mencionado los suicidios, cada año más frecuentes. Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana – la única – está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta

  (fragmento: La biblioteca de babel, J.L.Borges)

 

Un nombre propio como la gelatina sin sabor y, a la vez, una existencia como metrópoli densa, indescifrable. Un mosaico kilométrico de vivencias contenidos en una arquitectura de epicentro envidiable, importado, que luego pulula en un abanico autóctono, espontáneo y marginal.

Tantas caras como ochavas. Lo típico y lo ignorado. Lo artístico y lo criminal. El genio y la frivolidad.

Buenos Aires, se diluyen los barrios, más deptos apilados, y cada vez más extrañados nos miramos (leamos sobre “gentrificación” ). Buenos Aires, tironeo cultural. Berretín y almacén, shoppings on sale. El café porteño vs. el “copy paste” franquiciado. Buenos Aires suda vigilias y sueños eternos. Polvareda, terraplén, adoquín y asfalto.   

Buenos Aires, con permiso de “Los Mareados”, ciudad rara, como encendida.

Linda y fatal.

 

 

 

Autor: Matias Lasca