Molinos de vientos en Flores, Roberto Arlt



Flores, el Flores de las esquinas, de las, enormes quintas solariegas va desapareciendo día tras día.

Hoy, callejeando por Flores, entre dos chalets de estilo colonial, tras de una tapia, en un terreno profundo, erizado de cinacinas, he visto un molino de viento desmochado. Uno de esos molinos de viento antiguos, de recia armazón de hierro oxidada profundamente. Algunas paletas torcidas colgaban del engranaje negro, allá arriba, como la cabeza de un decapitado; y me quede pensando tristemente en qué bonito debía de haber sido todo eso hace algunos años cuando el agua de uso se recogía del pozo. ¡Cuántos han pasado desde entonces!

Flores, el Flores de las esquinas, de las, enormes quintas solariegas va desapareciendo día tras día.

Los únicos aljibes que se ven son de “camuflage”, y se les advierte en el patio de chalecitos que ocupan el espacio de un pañuelo. Así vive la gente hoy día. ¡Qué lindo, que espacioso que era Flores antes!

La tierra entonces no valía nada. Y si valía, el dinero carecía de importancia. La gente disponía para sus caballos del espacio que hoy compra una compañía para fabricar un barrio de casas baratas.

La gente era tan sencilla que se creía que los socialistas se comían crudos a los niños, y ser poeta -“pueta” se decía- era como ser hoy gran chambelán de Alfonso XIII o algo por el estilo. Las calles tenían otros nombres. Ramón Falcón se llamaba entonces Unión. Donato Álvarez, Bella Vista. A diez cuadras de Rivadavia comenzaba La Pampa. La gente vivía otra vida más interesante que la actual. Quiero decir con ello que eran menos egoístas, menos cínicos, menos implacables.

Se creía en la existencia del amor. Las muchachas usaban magnificas trenzas, y no por sueño se hubieran pintado los labios. Y todo tenía entonces un sabor más agreste, y más noble, más inocente. Se creía que los suicidas iban al infierno.

Pero nos queda el orgullo de haber progresado, eso sí, pero la felicidad no existe. Se la llevó el diablo.


 

 

Fragmentos de “Molinos de vientos en Flores”, Roberto Arlt

Aguafuerte Porteña, publicada por el diario El Mundo en su edición del 10 de setiembre de 1928

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